El domingo, Turquía va a las urnas. Los ciudadanos deberán pronunciarse por sí o por no a la modificación de la Constitución vigente, cuyo núcleo fuera diseñado por el último gobierno militar, a pesar de algunas reformas de calado, sobre todo en la elección directa del presidente y la composición del Poder Judicial.
La aprobación del proyecto supondría la transformación del actual sistema parlamentario, en el que el presidente tiene facultades para impedir o retrasar la acción del parlamento, a uno presidencialista, que le garantizaría la facultad para designar su gabinete, emitir decretos, y condicionar la integración del Poder Judicial.
El proyecto elimina la figura del Primer Ministro y la moción de censura sobre el Presidente, mientras, mediante un mecanismo similar al de la Constitución ecuatoriana, prevée la posibilidad de que en caso de desaveniencias entre el Presidente y el Parlamento, éste sea disuelto y se convoquen elecciones para ambos cargos.
Los defensores del proyecto sostienen que este permitirá hacer funcionar frenos y contrapesos, al ampliar las causales de investigación y remoción presidencial, hoy ceñidas al cargo de Traición a la Patria. Asimismo, señalan que el fin del "doble comando" de Presidente y Primer Ministro permitirá acabar con la parálisis y las periódicas crisis de gobernabilidad.
Los detractores señalan que no existirán mecanismos efectivos de control, que el sistema de juicio político supone mayorías amplísimas que luego deberían ser refrendadas por un Poder Judicial que en gran medida el Presidente mismo habría designado, consagrando una figura de poderes ampliados y exenta de escrutinio institucional.
Por fuera del debate sistémico, el referéndum se centra en la figura del actual Recep Tayyip Erdoğan, a quien señalan su creciente autoritarismo que, temen, podría incrementarse de salir venturoso.
Una victoria supondría una expresión de respaldo popular a Erdoğan, y al ejercicio extensivo del poder que hoy detenta, en virtud del Estado de Emergencia vigente.
Restan apenas días, y las cartas están (casi todas) echadas.
Intentaremos pintar un panorama de aquí al domingo.
La aprobación del proyecto supondría la transformación del actual sistema parlamentario, en el que el presidente tiene facultades para impedir o retrasar la acción del parlamento, a uno presidencialista, que le garantizaría la facultad para designar su gabinete, emitir decretos, y condicionar la integración del Poder Judicial.
El proyecto elimina la figura del Primer Ministro y la moción de censura sobre el Presidente, mientras, mediante un mecanismo similar al de la Constitución ecuatoriana, prevée la posibilidad de que en caso de desaveniencias entre el Presidente y el Parlamento, éste sea disuelto y se convoquen elecciones para ambos cargos.
Los defensores del proyecto sostienen que este permitirá hacer funcionar frenos y contrapesos, al ampliar las causales de investigación y remoción presidencial, hoy ceñidas al cargo de Traición a la Patria. Asimismo, señalan que el fin del "doble comando" de Presidente y Primer Ministro permitirá acabar con la parálisis y las periódicas crisis de gobernabilidad.
Los detractores señalan que no existirán mecanismos efectivos de control, que el sistema de juicio político supone mayorías amplísimas que luego deberían ser refrendadas por un Poder Judicial que en gran medida el Presidente mismo habría designado, consagrando una figura de poderes ampliados y exenta de escrutinio institucional.
Por fuera del debate sistémico, el referéndum se centra en la figura del actual Recep Tayyip Erdoğan, a quien señalan su creciente autoritarismo que, temen, podría incrementarse de salir venturoso.
Una victoria supondría una expresión de respaldo popular a Erdoğan, y al ejercicio extensivo del poder que hoy detenta, en virtud del Estado de Emergencia vigente.
Restan apenas días, y las cartas están (casi todas) echadas.
Intentaremos pintar un panorama de aquí al domingo.
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